Kamala Harris en su camino hacia el éxito, ¿hasta dónde llegará la mujer más poderosa del mundo?

EL MOMENTO HISTÓRICO le pilló en zapatillas de deporte y chándal. Y precisamente por eso, se hizo viral. “¡Lo conseguimos Joe! ‘¡Lo conseguimos!”, gritaba eufórica Kamala Harris mientras felicitaba por teléfono al nuevo presidente electo de Estados Unidos después de un agónico escrutinio que duraba ya cinco días. Unas horas más tarde, y después de que las principales televisiones norteamericanas certificaran la victoria de Biden, Harris daba el discurso de la victoria en Wilmington, Pensilvania, enfundada en un icónico traje de chaqueta blanco, un guiño histórico a Geraldine Ferraro, la primera mujer que aspiró a la vicepresidencia en 1984. “Aunque sea la primera en este puesto, no seré la última”, dijo en un discurso pensado e interpretado para pasar a los libros de historia.

Estará presente en todas las decisiones importantes y tendrá la oportunidad de persuadir al presidente Biden en los asuntos clave.”

Acostumbrada a la excelencia y a ser casi siempre la primera (primera mujer negra en ser fiscal general de California y segunda en ocupar un asiento en el Senado), Kamala Harris es ahora la primera mujer, la primera afroamericana y asiática, y la primera hija de inmigrantes en ocupar la vicepresidencia del país más poderoso del mundo. De ella se han escrito cientos de perfiles en los últimos meses diseccionando su infancia, su deslumbrante currículum y su vida personal. Pero ahora, la pregunta ya no es quién es Kamala Harris, sino quién está llamada a ser. Su futuro (y el de Estados Unidos) empieza a escribirse el próximo 20 de enero.

Aunque antes podía percibirse como una figura puramente ornamental, en las últimas décadas el trabajo del vicepresidente ha adquirido un gran peso específico en el Ala Oeste de la Casa Blanca. Todo empezó con Walter Mondale, segundo de Carter entre 1977 y 1981, explica Joel Goldstein, profesor emérito de Derecho en la Universidad de Saint Louis y considerado el mayor experto estadounidense en vicepresidentes: “Cuando Biden aceptó ser vicepresidente con Obama, le reclamó estar presente en todas las grandes decisiones. El presidente le confió muchos asuntos importantes y él fue extremadamente efectivo en el cargo. Y cuando Biden anunció que Harris iría con él en el ticket electoral, dijo explícitamente que ella estaría presente en esos momentos claves. En ese sentido, desempeñará el mismo papel que él con Obama. Estará presente en todas las decisiones importantes y tendrá la oportunidad de persuadir al presidente en los asuntos clave”, vaticina.

Efectivamente, Joe Biden no la escogió a la ligera. Fue una decisión meditada y basada, en parte, en una relación previa de confianza, opina Nadia E. Brown, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Purdue. “Fue un movimiento estratégico: Kamala Harris era alguien con experiencia en el Senado que, además, había sido una buena amiga de su hijo Beau, fallecido en 2015. Sabía que podía confiar en ella –asegura Brown–. Aparte de sus predecesores, Hillary Clinton, en su etapa como secretaria de Estado, también podría ser un modelo para Harris. Está en la obligación de crear su propio sello, el reflejo de su experiencia, pero también de la figura histórica que representa: la primera mujer, la primera mujer de color y la primera hija de inmigrantes en ocupar la vicepresidencia”, opina Goldstein.

Encontrar su marca personal llevará tiempo. Igual que definir su agenda política. El puesto no tiene funciones específicas, salvo por una excepción: el vicepresidente de Estados Unidos es también el presidente del Senado. “Si las mayorías en la cámara están muy ajustadas, su voto será decisivo. Pero, sobre todo, tendrá que ocuparse de que sus bases sigan movilizadas. Estará en campaña los próximos cuatro años”, afirma Brown, que apunta a la reforma de la justicia y la lucha contra el racismo como dos ejes que podrían vertebrar su agenda política.

Para Ron Hayduk, profesor de Ciencias Políticas en la San Francisco State University, la vicepresidenta se perfila como una figura muy poderosa. “Influirá en aspectos como la reforma policial, las relaciones raciales o la educación. Su trabajo como fiscal general le ayudará a encajar en ese aspecto. En otros asuntos, tendrá un papel más secundario”.

Lo que está por determinar es qué papel jugará en las relaciones internacionales. Tradicionalmente, los vicepresidentes desarrollan una intensa agenda diplomática, que incluye encuentros al más alto nivel con otros presidentes y primeros ministros. Se espera que Biden sea un presidente proactivo y haga valer su dilatada experiencia internacional, pero también que Harris asuma algunos de esos compromisos. “Jugará un papel importante en política exterior. Después de cuatro años de Donald Trump, hay muchas cosas que la administración Biden querrá restaurar en sus relaciones con otros países. Y Harris podría encargarse de ese trabajo diplomático. Para ella, sería un win-win: una forma de apoyarle, pero también de ganar crédito internacional y de convertirse en portavoz de la administración”, explica Goldstein.

Como en cualquier otra relación interpersonal y en cualquier otro trabajo, el feeling entre los futuros presidente y vicepresidenta puede ser un factor determinante para el correcto funcionamiento de la nueva administración. “Es una relación delicada que requiere sensibilidad, atención y tacto –asegura el profesor Goldstein–. Hay que tener en cuenta que ninguno está acostumbrado a asumir el papel de gregario, sino a liderar. Si el presidente cree que puede delegar en ella asuntos importantes y si Harris siente que puede expresar sus opiniones, como Biden con Obama, será muy productiva”.

La misoginia y el racismo han aumentado con Trump. Es previsible que Harris sufra ataques sin precedentes.”

Sin embargo, este tándem tiene un par de particularidades diferenciales. Para empezar, ella es más carismática y mediática que él, por mucho que él sea el jefe. Solo hay más que ver cómo ha convertido detalles tan anecdóticos como su colección de zapatillas Converse (que combina con collares de perlas) en un auténtico fenómeno viral. ¿Existe el riesgo de que pueda eclipsar al mismísimo presidente? “No creo que vaya a lograrlo ni que esa sea su intención. Lo vimos durante el discurso de celebración, en el que podría haberse extendido sobre lo que significaba que ella fuera la primera mujer vicepresidenta y en su lugar, prefirió hablar de él”, señala Brown. Goldstein coincide: “Uno de los retos que afronta cualquier vicepresidente es demostrar que es un jugador de equipo, que no le interesa solo su propia agenda. Y eso es lo que Harris ha hecho durante la campaña electoral. De momento, parece que el tándem funciona. Tampoco creo que Joe Biden se sienta amenazado. Para él, Kamala es un activo, igual que Al Gore lo fue para Bill Clinton”.

La otra es la ambición manifiesta de la futura vicepresidenta por ocupar el Despacho Oval. Algo que, aunque habitual entre los vicepresidentes, en este caso podría ocurrir más pronto que tarde. Si bien no lo ha confirmado (ni probablemente lo haga hasta la segunda mitad de la legislatura), Joe Biden ha sugerido que no se presentará a la reelección en 2024. Para entonces, el presidente habrá cumplido 82 años, mientras que la vicepresidenta tendrá 60. “Está muy bien posicionada para ser la candidata demócrata en 2024. Este periodo será crítico para hacerse valer ante los electores –apunta Hayduk–. Se enfrentará a la misoginia y el racismo, que han aumentado terriblemente con Trump. Es previsible que sufra ataques sin precedentes. Y en ese sentido, será importante que tanto Biden como el partido demócrata la apoyen sin fisuras”, concluye el académico.

“Estoy segura de que, aun siendo la vicepresidenta, y porque en este país el racismo y el sexismo son endémicos, en 2024 se tendrá que enfrentar a las primarias demócratas”, reflexiona Nadia Brown. Es decir, su candidatura no sería automática. Muchos demócratas la consideran demasiado moderada y equidistante en algunos asuntos clave de la agenda política y no han olvidado su mano dura como fiscal general. “Tiene mala reputación con respecto a algunas minorías raciales –afirma Brown–. Su vicepresidencia debe considerarse un periodo de formación para su candidatura presidencial”. Goldstein cree que, en todo caso, su trabajo acentuará posiciones ideológicas más moderadas: “Estar en la Casa Blanca te convierte en una persona más pragmática”, reconoce.

Harris, además, tendrá que soportar una presión adicional por ser la primera mujer en ocupar el cargo. Sabe que su legado tendrá que estar a la altura del mantra moral que siempre le repetía su madre: “Solía decirme: “Kamala, puede que seas la primera en hacer muchas cosas, pero asegúrate de que no seas la última”. Y quizá, esa sea su tarea más importante: cimentar el camino hacia la presidencia de Estados Unidos para una nueva generación de mujeres.

LA MODERN FAMILY DE LA VEEP

En enero, Kamala Harris y su marido, el abogado Douglas Emhoff, se irán a la residencia oficial de los vicepresidentes, en el 1 de la Rotonda del Observatorio en Washington. Casados desde 2014 después de conocerse en una cita a ciegas, Harris tiene una excelente relación con los dos hijos de su marido y con su ex, Kerstin Emhoff, que la apoya en sus redes sociales. “Nuestra familia moderna es un poco demasiado funcional”, ha bromeado.

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