Jennifer Doudna, Nobel de Química 2020: "Por primera vez en la historia, podemos controlar la evolución humana"

Hay personas que cambian el curso de la historia y Jennifer Doudna es una de ellas. Bioquímica, investigadora y profesora universitaria de 56 años, en 2012 realizó, con la científica francesa Emmanuelle Charpentier, uno de los descubrimientos claves del siglo XXI: el desarrollo de la tecnología CRISPR, una especie de tijeras genéticas de precisión para reescribir el ADN con las que se podría transformar el mundo. Días antes de que la Academia de las Ciencias sueca le otorgue el Nobel de Química de este año, hablamos con ella por teléfono por la publicación en España de Una grieta en la creación (Alianza). El libro, que firma con el científico Samuel Sternberg, engancha porque es como una gran aventura, solo que, en lugar de exploradores en busca de tesoros, hay científicos con una misión aún más fascinante: encontrar el modo de variar lo más íntimo de los seres vivos, su ADN. Son las 8:30 de la mañana (es profesora en la Universidad de California en Berkeley), y lleva horas trabajando. “La investigación es muy exigente y demanda mucha atención”, explica.

La tecnología CRISPR es la gran esperanza para las personas con enfermedades raras de origen genético

A Jennifer Doudna el afán por entender el mundo le viene de fábrica. Se recuerda siempre “muy curiosa”. Con siete años, se mudó con su familia a Hawái y, aunque no aprendió a surfear, se enamoró del océano y del entorno natural. “Fue mi mayor influencia, porque aprendí a observar”, evoca. Tras estudiar Bioquímica, se doctoró en Harvard y participó en diversos proyectos hasta que empezó a liderar equipos. Reconoce que el trabajo era absorbente y le costaba conciliar, “un problema generalizado en el mundo científico, que afecta en particular a las mujeres”. Jamie Cate, su marido, también es científico. “Eso lo hace todo más fácil. Por eso siempre le digo a mis estudiantes: “¡Encontrad un buen compañero!”, recomienda.

Doudna conoció en la primavera de 2011 a la científica francesa Emmanuelle Charpentier en un congreso. Ambas lideraban equipos de investigación sobre CRISPR y Charpentier le propuso aunar fuerzas. Un año después, la revista Science publicaba el resultado de su trabajo: habían descubierto un revolucionario método para editar el genoma. Por aquel avance, ganaron el Premio Princesa de Asturias a la Investigación Científica 2015. Lo recuerda como “una experiencia maravillosa”, aunque le costó convencer a su hijo, entonces de 13 años, para que la acompañara. “Prefería estar con sus amigos, pero le dije que iba a conocer a los Reyes de España y se convirtió en una emocionante aventura. Tengo una preciosa fotografía en la que se ve a mi hijo dándole la mano al Rey, y, como ambos son muy altos, están mirándose a los ojos. ¡Nos encanta esa foto!”, cuenta entre risas. De nuestro país, además, destaca a Francisco Mojica, microbiólogo español al que señala en su libro como precursor en estudiar secuencias CRISPR, no en vano fue el primero en ponerles ese acrónimo (Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas, en castellano). “Es un gran investigador, innovador y creativo, que ha conseguido grandes avances. España es un país muy afortunado por contar con un extraordinario científico como él”.

El Princesa de Asturias es uno de los muchos reconocimientos que Charpentier y ella han recibido y cada año aparecían en las quinielas de los Nobel que finalmente han ganado este año. Mientras, está abierta una guerra de patentes por la tecnología CRISPR, que enfrenta a varias universidades. Doudna pasa de puntillas sobre eso y apunta que “la buena noticia es que no creo que vaya a interferir en la ciencia. Pase lo que pase, esta tecnología va a tener un gran impacto en la sociedad”, afirma. Ella destaca el progreso que supondrá en la Medicina al “revolucionar el tratamiento de las enfermedades de origen genético, es la gran esperanza de las personas con enfermedades raras”, subraya. Ya se ha curado a animales de cataratas congénitas o distrofia muscular y se ha editado el ADN de mosquitos para que no transmitan la malaria, ni que su descendencia sea portadora. Doudna enumera otros ejemplos: tomates que maduran lentamente sin echarse a perder, plantas que resisten el cambio climático o ganado con carne baja en grasa. “En el sector agrario puede suponer una enorme mejora, se podrían evitar plagas y lograr una producción más sostenible”, afirma, y recalca que no tiene que ver con los transgénicos pues no se insertan genes extraños en el genoma, sino que sólo se edita.

Sin embargo Doudna no rehuye el lado oscuro del sistema CRISPR, por eso promueve la creación de comités para cuestionar su uso ético, por ejemplo en la manipulación de embriones humanos. “El material genético de cada organismo vivo es su código vital. Esta herramienta permite a los científicos manipularlo con precisión. Por primera vez en la Historia, tenemos una herramienta que les permite controlar la evolución humana, el mundo e incluso quienes somos. Es una gran responsabilidad y debemos asegurarnos de que lo estamos haciendo bien, por eso es fundamental que los gobernantes comprendan la tecnología para legislar cómo aplicarla”.

Puede ayudarnos a comprender mejor el Covid-19 y por qué algunos son más susceptibles”.

Además, en la empresa de biotecnología que ha fundado, Mammoth Biosciences, desarrollan un test para el Covid-19 eficaz, barato y sencillo; parecido a un test de embarazo, que se podría hacer en casa y tener el resultado en menos de una hora. “CRISPR nos puede ayudar a detectar el virus como una alternativa a los modelos actuales, fiable y rápida. Creo que estará disponible en pocos meses”. Además, esta tecnología podría servir para “comprender mejor el virus y saber porqué la genética de algunos individuos es más susceptible”.

Sobre el auge de los negacionistas del coronavirus, no puede evitar soltar una carcajada: “Solo necesitan abrir los ojos. Negar es un modo de luchar contra tus miedos, pero por mi experiencia sé que la mejor forma de afrontarlos es saber lo que son y cómo abordarlos”, dice, aunque reconoce que es difícil entender el mundo en el que vivimos. “En tecnología, todo va muy deprisa. Las redes sociales, internet, la inteligencia artificial… Nos rodea y afecta a nuestras vidas, pero para comprenderlo de verdad necesitas ser un experto y la mayoría no lo somos. ¿Cómo gestionarlo? Esa es una de mis mayores motivaciones para escribir Una grieta en la creación, que la mayoría de la población pueda entender la tecnología CRISPR y se pueda debatir sobre ello con conocimiento”.

Cuando le comento que, tras leer su libro, me siento incapaz de imaginar el futuro, escucho su risa al otro lado del Atlántico. “Sí, es increíble, ahora las posibilidades son tan amplias…”. Antes de despedirnos, le pregunto si sueña con ganar el Nobel de Química. “Nunca pienso en ello, está fuera de mi control. Me centro en la emoción del trabajo con mi equipo y en la felicidad de los nuevos descubrimientos. Creo que, para cualquier científico, esa es la verdadera felicidad, la ilusión que acompaña nuestro trabajo”. Justo al cierre de este número, salta la noticia: Doudna y Charpentier han ganado el Nobel de Química de este año por “reescribir el código de la vida’, según la academia sueca. Brindamos por ellas.

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