René Zellweger y los Globos de Oro 17 años después: así ha cambiado la actriz (también por dentro)

En 2010, Renée Zellweger decidió hacer un paréntesis. Parar y coger aire. Llevaba una década trabajando a un ritmo vertiginoso y necesitaba parar. Desde que saltara a la fama, no había parado de posar en alfombras rojas y de recoger reconocimientos; de aparecer en titulares y atender a los medios. Hasta las estrellas de Hollywood necesitan echar el freno de mano de vez en cuando…

Asumió el riesgo de no poder volver, cuando a ella le apeteciera, con la misma fuerza. Si le salió bien o mal es algo muy subjetivo que solo puede valorar ella. Regresó seis años más tarde de la mano de la secuela de la cinta por la que todo el mundo la recordará: ‘El bebé de Bridget Jones’. No tuvo el éxito de la Bridget Jones original.

Y transitó por un desierto en el que, lo más destacado, fue cuando decidió retocarse la cara y reaparecer en una alfombra roja. Era 2016 y su cara parecía la de otra persona. Ella se justificó, pero la explicación no convenció a nadie. Y siguió haciéndose arreglos. Solo se hablaba de ella por la metamorfosis de su aspecto físico.

Pero, en 2019, llegó a sus manos la oportunidad de dar vida a Judy Garland en su ‘biopic’. Un papel que le ha valido para alzarse con el Globo de Oro. Precisamente en una entrevista previa a esa ceremonia, Renée reflexionaba sobre algo muy presente en la película: el examen contínuo al que están sometidas las mujeres de Hollywood por su físico. Como ella.

Vivimos en un mundo donde lo que importa son las apariencias. Yo lo he vivido, pero afortunadamente no hasta el grado en el que esto afectó a estrellas como Marilyn Monroe. O Judy Garland. De ellas se esperaba que lo dieran todo nada más poner el pie en la calle”, sentenciaba antes de añadir: “Doy las gracias porque pertenezco a otra época. Las mujeres de mi generación tienen una mayor autonomía y dejan oír su voz como Judy nunca pudo”.

Zellweger se convirtió en una de las estrellas de los Globos de Oro, como decimos. Sobre todo, porque hacía casi dos décadas que no se subía a ese escenario par recoger un premio. Era 1993 y ‘Cold Mountain’ le hizo rascar estatuilla. El pasado domingo no tuvo reparos en bromear sobre ello en su discurso: “17 años después no tenéis mala pinta“.

“El final no es lo que cuenta. Es el camino, lo que cuenta, y el trabajo“, manifestaba Zellweger. Un par de frases con las que nos damos cuenta de que el cambio que ha experimentado todos estos años ha sido mucho más profundo que todas las modificaciones que ha sufrido su rostro gracias al bisturí y el bótox. ¿Estamos ante su renacer?

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