Los Alba y los Ordóñez: una historia de pasión por la Semana Santa con devoción a las dos hermandades más poderosas de Sevilla

Si hubiera que pagar la buena publicidad que han hecho de la Semana Santa sevillana, el ayuntamiento de la ciudad hispalense quedaría en bancarrota. La ligazón de la familia Alba y de la familia Ordóñez con la fiesta religiosa más importante de Andalucía viene de largo, sobre todo en el caso de los primeros. Por desgracia, este año los devotos de la Semana Santa sevillana guardan una vez más capirotes y mantillas: los pasos tampoco saldrán en procesión. La decepción es enorme en la ciudad con más templos católicos del mundo, solo por detrás de Roma. Quedan vacíos los balcones, palcos y sillas, que ya no recaudarán los euros que nutren, en parte, la obra social de las hermandades.

En los últimos doce meses, estas se han volcado con la ayuda a familias necesitadas en comedores sociales y despensas solidarias. Todas arriman el hombro, desde las más importantes (la Macarena, el Gran Poder, con más de 2.000 cofrades), a las más pequeñas (el Cristo de la Corona, con alrededor de 350 hermanos). Ninguna de ellas cuenta con el apoyo de los Alba y los Ordóñez, que son devotos de la hermandad del Cristo de los Gitanos y la Esperanza de Triana, respectivamente. El compromiso de ambas familias con estas hermandades es total, y año tras año cumplen con la cita de la profesión, a veces incluso como costalero, en el caso de Francisco Rivera.

Cayetana de Alba lo era todo en Los Gitanos. Aparte de reconstruir el antiguo convento del Valle, regaló a la Virgen piezas de bordado y orfebrería de la mayor calidad. Era tanta la vinculación de Cayetana Fitz-James Stuart con la hermandad, que fue nombrada camarera honoraria y distinguida con la Medalla de Oro de la corporación, recibiendo además un homenaje en el año 2007. No sólo fue benefactora de la hermandad, sino que su fidelidad le llevó a tomar partido en las decisiones, ocupando el cargo de consiliaria primera en la junta de gobierno. Su padre, el duque de Alba y Berwick, promovió que el Tercio Duque de Alba II de la Legión hiciese la guardia de honor a los titulares, escoltando a los pasos en el templo y durante la estación de penitencia, tradición que continuó hasta los años 70.

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Cayetana de Alba dejó dicho a su marido y a sus hijos que, a la hora de su muerte, quería estar junto al Señor de la Salud y a la Virgen de las Angustias. La duquesa que rompió todos los esquemas que marcaba el protocolo para una aristócrata de su nivel: no quiso enterrarse en el panteón familiar de Loeches, tampoco en el cementerio de San Fernando. Quiso estar en el santuario que había levantado ella misma, poniendo fin al errar de la hermandad, 250 años después de su fundación.

La vinculación de la duquesa de Alba con la Semana Santa sevillana no termina en Los Gitanos. Cayetana fue hermana del Gran Poder, Montesión y de la Macarena. Pero a la Virgen de la Esperanza le tenía especial devoción: en los años 60, incluso cedíajoyas para que las luciera en procesión. Era muy amiga de Juanita Reina, con la que compartió el honor de ser camareras honorarias y ambas asistieron de mantilla a la coronación de la Virgen en 1964.

La vinculación de la familia Ordóñez con la Esperanza de Triana viene del patriarca, Antonio Ordóñez, que llegó a ser hermano mayor entre 1973 y 1979. Gracias a su influencia, tanto Francisco Rivera Paquirri como Carmen Ordóñez salieron en la presidencia del Señor del Compás (el Cristo de las Tres Caídas, otra imagen de la hermandad). Su ambición por ocupar un lugar importante en el sistema de hermandades sevillano (también fue hermano mayor de la hermandad de la Soledad de San Lorenzo y lo intentó en ña de la Macarena) fue heredada por Francisco Rivera, el hijo mayor de la muy devota Carmina. Ni ella ni su hermana Belén se perdían una procesión de la hermandad de la Esperanza.

En 2015, Francisco Rivera se presentó a las elecciones para el puesto de hermano mayor de la Esperanza de Triana, ya entonces una de las tres hermandades más influyentes y poderosas de la ciudad. Perdió por solo 171 votos en una de las elecciones más competidas y con más participación electoral que se recuerdan. “Mi abuelo fue hermano mayor y cuando yo nací me hicieron hermano y mi abuelo era hermano mayor. La familia Rivera Ordóñez y la Esperanza de Triana han ido siempre unidas de la mano”, explicó en su campaña electoral. Ha sido y sigue siendo costalero en el paso del Cristo de las Tres Caídas.

La conexión de la familia Alba y la familia Ordóñez a través de la boda de Francisco Rivera y Eugenia Martínez de Irujo hizo que las dos familias más populares de la Semana Santa sevillana coincidieran en las procesiones. También terminaron unidos por el fervor religioso los Pantoja y los Rivera: hemos llegado a ver a Cayetano Rivera y a Eva González en el balcón que Isabel Pantoja suele alquilar en La Campaña, el inicio del recorrido camino de la catedral que tienen que hacer todas las hermandades. Seguro que fue invitado por su hermano Kiko, pero no deja de ser extraordinario que Cayetano e Isabel decidieran dejar a un lado su disputa por la herencia de Paquirri para disfrutar de su fe. Lo que no consiga la Semana Santa sevillana.

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